sábado, 12 de febrero de 2011

Y quiero jugar a las escondidas

y darte mi ropa

y decirte que me gustan tus zapatos

y sentarme en el borde de la tina mientras te bañas

y hacerte masajes en el cuello

y besarte los pies

y tomarte la mano

y salir a comer

y que no me importe que te comas mi comida

y encontrarte en un bar

y hablar del día

y reírme de tu paranoia

y darte discos que no escuchas

y ver películas buenísimas

y ver películas pésimas

y quejarme del programa de la radio

y sacarte fotos cuando estás durmiendo

y levantarme antes para ir a comprar el desayuno

y tomar café a la medianoche

y dejar que me robes cigarrillos

y que nunca tengas fuego

y contarte del programa que vi la noche anterior en la tele

y llevarte al oculista

y no reírme de tus chistes

y desearte en la mañana pero dejarte dormir un rato más

y besarte la espalda y acariciarte la piel

y decirte cuánto amo tu pelo

tus ojos

tus labios

tu cuello

tus senos

tu culo,

y sentarme en el escalón a fumar hasta que tu vecino llega a casa

y sentarme en el escalón a fumar hasta que tú llegas a casa

y regalarte girasoles

e ¡ir a tu fiesta!

y bailar hasta quedar negro

y sentirme culpable cuando no tengo razón

y contento cuando me perdonas

y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre

y escuchar tu voz al oído

y sentir tu piel en mi piel

y asustarme cuando te enojas y se te pone un ojo rojo y el otro azul

y tu pelo a la izquierda y tu cara oriental

y decirte que eres maravillosa

y abrazarte cuando estás angustiada

y ser tu sostén cuando te duele

y desearte sólo de olerte

y ofenderte al tocarte

y llorar cuando no estoy a tu lado

y babosearme en tu pecho

y sofocarte de noche

y morirme de frío cuando te llevas la frazada y de calor cuando no te la llevas

y derretirme cuando sonríes y disolverme cuando te ríes

y preguntarme quién eres pero aceptarte de todos modos

y contarte del niño del bosque encantado del ángel de los árboles que voló a través del océano porque te amaba

y escribirte poesías y preguntarme por qué no me crees

y tener un sentimiento tan hondo que no encuentre palabras para decirlo

y demorarte en la cama cuando te tienes que ir

y llorar como un niño cuando al final te vas

y matarte las cucarachas

y comprarte regalos que no quieres y llevármelos de vuelta

y decirte lo peor de mí

y tratar de darte lo mejor de mí porque no te mereces ni un poquito menos

y responder tus preguntas cuando preferiría no hacerlo

y decirte la verdad cuando la verdad es que no quiero

y tratar de serte honesto porque sé que lo prefieres

y hacer el amor contigo a las tres de la mañana

y de algún modo

de algún modo

de algún modo

comunicar algo del abrumador irrefrenable, incondicional, omnipresente, enriquece-alma, abre-consciencia, constante e inagotable amor que tengo para ti.

Sarah Kane, Crave, 1998